Resulta imposible fijar unas fechas o hechos concretos para situar el inicio de las distintas etapas de la Historia. Algunos estudiosos del tema, sitúan el inicio de la edad Moderna en el momento cuando en Europa logró salir de la oscuridad en que se había sumido durante la Edad Media. Como es natural este cambio no se produjo de la noche a la mañana, ni tampoco al mismo tiempo en cada uno de los países del viejo continente. Sin embargo, hubo un momento en que la necesidad o el ansia de progresar se hizo patente en muchas naciones. Algunos historiadores lo hacen coincidir con la toma de Constantinopla por los turcos, otros con la instauración de monarquías estables o el Renacimiento italiano y los más, por lo menos en España, con el descubrimiento de América. Sin embargo debe considerarse que la imprenta pudo hacer más por cambiar algunas costumbres, que ninguno de aquellos hechos.
En nuestras tierras, la reconquista no tuvo demasiada trascendencia ya que, durante mucho tiempo, en las poblaciones de la Plana siguieron conviviendo las tres culturas: cristianos, musulmanes y judios, conservaron sus oficios y las costumbres hasta que la Inquisición se encargó de hacer cumplir los mandatos reales. Sin embargo, poco a poco las costumbres fueron cambiando después del descubrimiento de América y la fusión de Castilla y Aragón en un único Reino.
En 1480 los Reyes Católicos ordenaron que todos los judíos del reino que no abandonaran su religión, fueran separados de las ciudades donde residían. Se estableció la Inquisición con el fin de luchar contra quienes no hubieran aceptado el catolicismo. Dado el gran número de causas que se instruyeron a través del denominado también: Santo Oficio,, el 31 de marzo de 1492, los Reyes firmaron un decreto en el que se disponía que los judíos fueran expulsados del Reino. Con esta medida los judíos se vieron obligados a vender sus propiedades con la mayor rapidez. Algunos cristianos pudieron amasar, de esta forma, grandes fortunas después de formalizarse aquel documento, por lo que hay quien opina que esta fue la verdadera causa de aquel decreto.
Durante la mayor parte de la Edad Media, los pueblos de occidente importaban productos que llegaban, por tierra, desde el extremo oriente asiático. Valiosos productos, como la seda, especias y piedras preciosas, viajaban hasta Europa tras un largo y difícil camino, pero los mercaderes no dudaban en afrontar esta peligrosa aventura, aunque debían atravesar dos continentes y superar grandes dificultades, por ello cuando en 1485 llegó a la Península Ibérica un navegante de origen desconocido prometiendo un nuevo camino marítimo para llegar a las Indias, nadie le creía.
Siete años tardó Colón en ser escuchado por Isabel y Fernando y darle su apoyo. De esta forma, cuando el 12 de octubre de 1492, los marineros de las carabelas Santa María, la Pinta y la Niña que iniciaron la aventura en San Lucas de Barrameda, estaban convencidos de que habían conseguido llegar a las costas de la lejana India y encontrado, por fin, otra ruta para llegar hasta oriente. Se tardó algunos años en aceptar que aquellos hombres, capitaneados por el almirante don Cristóbal Colón, acaban de lograr algo mucho más importante: descubrir un nuevo continente.
Cuando los destinos de todo el país comenzaron a regirse desde un mismo trono, desapareció el Reino de Aragón y por tanto el de Valencia. Como es lógico, los Reyes Católicos tuvieron que dictar nuevas normas que iban a dar forma a la nueva nación. Los súbditos estaban preocupados con las decisiones que pudieran tomar los monarcas que, sin embargo, ya con anterioridad a conseguir la total reconquista de la península, comenzaron a establecer las bases del futuro Estado.
Diez años después de contraer matrimonio Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, otorgaron un privilegio en el que se prometía a todos los habitantes del Reino de Valencia, guardar y respetar todos los fueros, franquicias y privilegios que tenían y no enajenar de la corona las ciudades y villas reales. A este respecto, ya en 1479, Fernando el Católico convocó Cortes en Valencia y más tarde en Tarrazona para tratar asuntos de Estado. En ellas estuvieron representadas las villas de Castellón de la Plana, Morella, Vila-real y Burriana.


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